Uniendo dos continentes, Turquía es un destino imperdible tanto de Europa como de Asia. Conocido normalmente por sus chimeneas de hadas en Capadocia o su vibrante capital, este país guarda otras maravillas culturales y naturales que debes conocer, entre ellos destaca Pamukale.
Pamukkale es uno de los paisajes naturales imperdibles de Turquía.
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Pamukkale: las cascadas petrificadas de Turquía
Nacidas de manantiales en un acantilado de 200 m en la provincia de Denizli, las aguas ricas en calcita crearon Pamukkale. Conocido como "Castillo de Algodón", este paisaje irreal presenta bosques minerales, cascadas petrificadas, estalactitas y terrazas de travertino blanco.
Las piscinas naturales se alimentan de aguas termales a temperaturas entre 35°C y 100°C. Al brotar de la tierra y fluir hacia el valle, vierten aguas verde esmeralda que depositan carbonato de calcio, formando su emblemático manto blanco.
Es posible nadar en sus fuentes y disfrutar de sus sales minerales. Además del uso terapéutico y las formaciones de aspecto algodonoso, las aguas termales se utilizaban históricamente para fregar y secar la lana.
Para garantizar la conservación del sitio Patrimonio de la Humanidad, se fijaron restricciones como caminar descalzo. Para proteger las formaciones naturales, la mayoría de los turistas se bañan en piscinas artificiales construidas sobre una antigua carretera del siglo XX.
La experiencia en Pamukkale se complementa con paseos en globo aerostático sobre el valle del Menderes. Asimismo, los viajeros suelen realizar excursiones hacia zonas arqueológicas cercanas de Anatolia occidental, como Laodikeia y Afrodisias.
Los manantiales forman la fuente de un extenso sistema hidráulico de canales que lleva agua a pueblos y campos a lo largo de 70 km. Este impresionante entorno natural sirve de marco y telón de fondo para la ciudad de Hierápolis.
Hierápolis, el lado histórico de Pamukale
Fundada a finales del siglo II a.C. por los reyes atálidas de Pérgamo para aprovechar las aguas termales, Hierápolis debe su nombre a Hiera, reina amazona. Tras ser cedida a Roma, la ciudad balneario floreció en los siglos II y III d.C.
Construida sobre una falla geológica, la ciudad albergaba instalaciones termales y recintos religiosos. Destacan el Templo de Apolo por sus vapores tóxicos, las grandes bóvedas de sus baños romanos y un teatro del siglo III con capacidad para 12,000 espectadores.
Su relevante necrópolis abarca más de 2 km con diversos tipos de sepulcros. Además, la famosa Piscina de Cleopatra permite a los visitantes nadar entre restos arqueológicos de antiguos templos y columnas romanas sumergidas en el agua.
En la época bizantina, tras convertirse en sede episcopal, la ciudad cobró importancia religiosa como lugar del martirio de San Felipe. En el siglo V se erigió su martirio, una singular estructura octogonal rodeada de capillas, además de catedrales e iglesias.
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