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Un pequeño escenario que lo tiene todo

Parece mentira que en un territorio tan pequeño, Tucumán despliegue tal variedad de atractivos. Partiendo de la capital, con sus baluartes históricos; pasando por San Javier, un refugio para el relax, y por la bella Tafí, que invita a conocer sus paisajes. Algunos legados arqueológicos, artesanías, buena gastronomía y excelentes vinos, son algunas de las múltiples caras que presenta la provincia.

Paisajes, historia, cultura, gastronomía y hotelería de primer nivel forman parte de la carta de presentación de este pequeño paraíso argentino llamado Tucumán. Una provincia para sentirla y vivirla con intensidad junto a su gente cálida y amable.

El derrotero puede iniciarse por San Miguel, su capital, en particular por una postal conocida: la Casa Histórica de la Independencia, donde el visitante podrá emprender una travesía hacia los albores de nuestra patria. Una caminata por sus calles también incluirá iglesias y conventos centenarios, parques y plazas poblados de flores, teatros y salas culturales, galerías y centros comerciales, peñas folclóricas, gastronomía y vida nocturna.

A 30 minutos, se encuentra el cerro San Javier. En este punto el viajero deberá preparar su cámara fotográfica. Pronto comprenderá por qué a Tucumán la llaman el Jardín de la República. A más de 1.200 msnm. el aire se torna fresco. La vista panorámica del Gran San Miguel de Tucumán se extiende hacia el este, el norte y el sur, y detrás de azules montañas el sol se esconde. Esta villa turística invita a cargar una mochila y aventurarse a recorrerla por dentro a través de las “Eco Sendas”, una red donde es posible conocer la diversidad de escenarios, desde la selvática vegetación de las yungas hasta los pastizales de altura de las cumbres.

Allí mismo, en Loma Bola, se encuentra la pista de parapente más importante de América Latina, donde torneos nacionales e internacionales ofrecen verdaderos espectáculos en el aire.

AEROSILLA NUEVO CADILLAL.

La propuesta es una actividad original para disfrutar de uno de los paisajes más bellos y exóticos de nuestro país, como el del área de transición entre las yungas y el Chaco serrano. El recorrido es de 600 m. hasta lo alto del cerro Médici, desde donde se obtiene una vista inigualable del dique Celestino Gelsi. Sobre el cerro, hay una serie de senderos, puerta de entrada al corazón de las yungas y las sierras. Además de encontrarnos con otra vista totalmente diferente: las ciudades de San Miguel de Tucumán y Tafí Viejo con sus plantaciones de limón. El río Loro aparece junto a sus barrancas coloradas completando la paleta de colores que la naturaleza nos ofrece. A través de paseos cortos y caminatas acompañados de cartelería informativa podremos vivenciar al máximo estos mágicos lugares.

Entre los principales servicios se destacan el espacio para estacionamiento, puntos panorámicos en la cumbre, miradores con vistas únicas, sanitarios, caminatas y senderos señalizados con información de la flora y fauna autóctonas, áreas de descanso, merenderos y, próximamente, cafetería y snack bar en la cumbre.

A CABALLO POR LAS SENDAS DE TAFI.

En Tafí del Valle los paisajes dejan sin aliento. La herencia cultural milenaria y las tradiciones que perduran a través de los tiempos hacen inigualable este recorrido. Una buena opción es montar a caballo, abriéndose camino a un paseo que cambia constantemente en un abrir y cerrar de ojos. Por las tupidas yungas se atraviesan valles encerrados por las frondosas montañas y se llega a la aridez que caracteriza a la región.

Allí mismo es recomendable conocer la labor de los artesanos. Porque cuando en Tafí del Valle los hornos alcanzan los 800ºC (o más) la arcilla toma un color rojizo y es tiempo de retirar las brasas. Pero eso no es todo: la técnica de la atmósfera saturada fija dos días de reposo antes de sacar la pieza del horno para luego cubrirla con cera y anticipar los motivos que adornarán su figura irrepetible.

El tejido es otra de las artesanías típicas. En su entramado, realizado con lana de oveja y pelo de llama, se utilizan variados tintes como el molle, el nogal, el ruibarbo y el hollín, los cuales provienen de la flora autóctona. Los artesanos imprimen sus motivos sobre los tapices, mantas e indumentaria. Los telares (de cintura, pala, peine o pedales) rescatan tradiciones hispanas y americanas. Imposible irse sin adquirir un proverbial poncho tucumano, en borravino y beige. Este es otro producto que el visitante puede descubrir a través de la Ruta del Artesano, que está compuesta por más de 20 artesanos que reciben a los viajeros en sus talleres.

TRAS LOS PASOS DE ANTIGUAS CULTURAS. 

Siguiendo la ruta desde Tafí del Valle se llega a Amaicha del Valle, donde el tiempo parece detenido. Aquí se erigen casas trabajadas en adobe, con el canto de las copleras y una comunidad muy cálida.

Además se encuentra el Museo de la Pachamama, una obra que rinde homenaje a la Madre Tierra a través del sorprendente trabajo de cientos de artesanos. El museo revaloriza la historia de la región en un conjunto de salas dedicadas a la geología, la antropología y el arte textil, entre otras.

Siguiendo camino por la Ruta Nacional 40 se encuentra la Ciudad Sagrada de los Quilmes, un pueblo originario que ocupó durante casi ocho siglos el territorio de la antigua ciudad inca en la zona de los valles Calchaquíes. Recorriendo los pasillos que se abren paso entre los restos de las antiguas viviendas construidas en terrazas, se reinventa la historia de este pueblo calchaquí, brioso de ánimo y cuya bravura se desparramó y se apoyó en las dificultades de las distancias y de la tierra “agria y doblada” que habitaban y en la cual se movían con la soltura del instinto. Debido a que los españoles no lograron someterlos, fueron obligados a recorrer miles de kilómetros para ser trasladados a la costa del Río de la Plata, en donde no pudieron emplear su tecnología agrícola con irrigación y azada, ni reconstruir sus hábitos artesanales y pastoriles. Y allí debieron vivir sin las divinidades que habían quedado en la vieja tierra del valle. Aquí la historia es transmitida en forma vivencial por la comunidad, quien tiene a resguardo la Ciudad Sagrada y ofrece el servicio de guiado.

SABORES Y VINOS.

El Jardín de la República tiene gastronomía con sello propio. El visitante no puede irse de la provincia sin haber degustado la típica empanada tucumana, ni los locros, tamales y humitas. Un rico almuerzo o cena debe estar acompañado por un buen vino tucumano y de postre quesillos y dulces de los valles Calchaquíes.

La producción vitivinícola es una de las que más crecieron en estos años en la provincia. En la actualidad las variedades implantadas en Tucumán son torrontés, malbec, cabernet sauvignon, bonarda, syrah y tannat. Seis bodegas (Posse, Las Mojarras, Arcas de Tolombón, Alto La Ciénaga, Chico Zossi y Río de Arena) trabajan con viñedos, con una modalidad orgánica. Se las puede visitar a través de la Ruta del Vino, creada por el Instituto de Desarrollo Productivo, la Cámara de Bodegueros de Tucumán y el Ente Autárquico Tucumán Turismo.

 

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar: hay hasta ocho vuelos diarios entre Aerolíneas Argentinas y LAN desde Buenos Aires. También Sol opera vuelos desde Córdoba, Rosario y Mendoza.

Dónde alojarse: la provincia cuenta con más de 170 propiedades registradas, incluyendo hoteles de 5 estrellas.

Clima: las temperaturas medias anuales oscilan entre los 18º y los 20ºC. En verano, la temperatura media es de 24º y 26º y en invierno oscila entre 10º y 12ºC.

Informes: http://web.tucumanturismo.gob.ar.

 

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