Viajé a Europa y tenía ganas de conocer Praga desde hacía mucho, mucho tiempo. Este año finalmente llegué en plan “escapada ” y bastaron las primeras caminatas para confirmar algo que me habían repetido antes del viaje: la capital checa es una joya. Pero no exactamente por las razones que imaginaba.
La oficina de turismo de la Ciudad de Praga te invita a un viaje extraordinario en la capital de República Checa.
Praga es, sobre todo, una ciudad en capas. Basta caminarla para que empiecen a aparecer. Está la ciudad de las cúpulas y los edificios que parecen competir por llamar la atención; la de los castillos y callejuelas medievales; la del pasado comunista todavía perceptible; la de Franz Kafka; y también una capital centroeuropea contemporánea, dinámica y sorprendentemente fácil de recorrer.
Día 1: la Ciudad Vieja de Praga, una joya en el centro de Europa
Hay ciudades que exigen un mapa desde el primer minuto. Praga permite otra estrategia: caminar y mirar hacia arriba. La primera jornada puede comenzar en Staré Msto, la Ciudad Vieja, donde buena parte de esa monumentalidad aparece concentrada alrededor de la Plaza de la Ciudad Vieja.
Allí se encuentran el Ayuntamiento y su famoso Reloj Astronómico, instalado originalmente en 1410 y considerado uno de los relojes astronómicos medievales en funcionamiento más antiguos del mundo.
Cada hora, una pequeña multitud espera frente a la torre para observar el desfile de los doce apóstoles.
Pero conviene alejarse después de la plaza y perderse un poco. Iglesias, torres, pasajes y fachadas Art Nouveau, barrocas, góticas y renacentistas convierten el centro en un catálogo arquitectónico a cielo abierto.
Es ahí donde aparece esa sensación que deja Praga: a cada paso, la arquitectura vuelve a lucirse.
La Praga de Kafka entre la Ciudad Vieja y Josefov
También es fácil pensar en la literatura checa mientras se camina. Franz Kafka nació en Praga en 1883 y pasó en la ciudad la mayor parte de su vida, y muchas de sus referencias biográficas se concentran precisamente alrededor de Staré Msto y Josefov.
Su casa natal se encontraba junto a la iglesia de San Nicolás, muy cerca de la Plaza de la Ciudad Vieja. A pocos pasos comienza Josefov, el antiguo barrio judío, donde se encuentran las sinagogas históricas y el antiguo cementerio.
Más que perseguir placas conmemorativas, interesa caminar este sector pensando en la relación entre Kafka y la ciudad. Es fácil imaginarlo recorriendo estas calles y entender por qué el trazado serpenteante, los edificios monumentales, los pasajes y cierta atmósfera misteriosa terminaron asociados para siempre con su universo literario.
Del Puente de Carlos a Malá Strana
Desde la Ciudad Vieja, el itinerario continúa hacia uno de los grandes símbolos de Praga: el Puente de Carlos, que atraviesa el río Moldava y conecta Staré Msto con Malá Strana.
Es el puente conservado más antiguo de Praga. Carlos IV colocó la piedra fundamental el 9 de julio de 1357, a las 5.31, una fecha y una hora elegidas para formar la secuencia numérica 1-3-5-7-9-7-5-3-1.
La construcción estuvo dirigida por Petr Parlé y fue finalizada a comienzos del siglo XV, después de su muerte.
Construido con bloques de arenisca, el puente tiene 515,76 m de longitud, 9,5 m de ancho y 16 arcos. Otro detalle curioso es que durante siglos no se llamó Puente de Carlos: ese nombre comenzó a popularizarse recién alrededor de 1870.
Conviene cruzarlo sin apuro y, si es posible, evitar las horas de mayor concentración de visitantes. Republica Checa no es solo Praga pero para empezar a descubrirla, la capital es el mejor lugar.
Del otro lado aparece Malá Strana, la Ciudad Pequeña, al pie del Castillo de Praga. Palacios, iglesias barrocas, jardines y calles en pendiente cambian nuevamente la fisonomía de la ciudad.
Este es un buen lugar para terminar la primera jornada, cenar y comprobar otra característica de la ciudad: Praga también tiene sabores propios, noche de alta graduación y una cultura de la cerveza que forma parte de la vida cotidiana.
Día 2: el Castillo de Praga y una ciudad dentro de la ciudad
El segundo día merece comenzar temprano en Hradany, el barrio del Castillo. Y acá aparece una de las primeras sorpresas para quien visita Praga: el Castillo no es simplemente un edificio.
Fundado alrededor del año 880, es un enorme complejo de palacios, iglesias, patios y construcciones de distintas épocas que durante siglos funcionó como centro del poder político checo. Actualmente continúa siendo la sede oficial del presidente de la República Checa.
Dentro del conjunto se encuentran la monumental Catedral de San Vito, el Antiguo Palacio Real y la Basílica de San Jorge. Hay que reservar varias horas porque las distancias y la cantidad de espacios hacen que una visita apresurada tenga poco sentido.
El Callejón del Oro y el pequeño cuarto de Franz
Entre los lugares más singulares del Castillo está el Callejón del Oro, una pequeña calle de casas de colores construidas junto a las fortificaciones.
En la casa número 22 vivió su hermana Ottla y Kafka utilizó el lugar entre 1916 y 1917 para escribir. El espacio diminuto ayuda a introducir otra escala después de la monumentalidad del Castillo.
Es verdad que el callejón parece parte de los escenarios de una película de Harry Potter pero al entrar en el número 22 volvemos a imaginar al escritor.
Sabemos que allí escribió “Un médico rural” y que hoy mismo es posible llevarnos de souvenir un ejemplar, además de mapas, lápices y versiones de El proceso o La Metamorfosis en más de 15 idiomas.
Es fácil imaginarlo allí, en un cuarto propio dentro de aquel enorme complejo, y después volver a encontrarlo mentalmente en las calles de la ciudad. En Praga, Kafka deja de ser solamente el autor de La metamorfosis o El proceso: adquiere una geografía.
Café Louvre y la tradición de los cafés de Praga
La relación entre literatura y ciudad continúa en sus cafés históricos. Uno de ellos es el Café Louvre, abierto en 1902 y frecuentado en diferentes momentos por intelectuales como Albert Einstein. ¡¡¡Aquí también estuvo Kafka!!!
Vale la pena entrar. Los cafés permiten acercarse a una tradición centroeuropea que convirtió estos establecimientos en lugares de lectura, conversación, encuentros y discusión intelectual.
Después se puede continuar hacia Nové Msto, la Ciudad Nueva, y la Plaza Wenceslao. El cambio de escenario vuelve a mostrar las capas: la Praga medieval deja paso a grandes avenidas, arquitectura de los siglos XIX y XX, comercios y algunos de los escenarios fundamentales de la historia contemporánea checa.
¿Qué comer en Praga y por qué la cerveza también es parte del viaje?
Después de dos días caminando, la gastronomía deja de ser un detalle. La cocina checa es contundente y funciona especialmente bien después de varias horas recorriendo la ciudad.
Entre los platos para buscar aparecen el guláš, generalmente acompañado por knedlíky; la svíková, carne servida con una salsa cremosa de vegetales; diferentes preparaciones de cerdo y las tradicionales salchichas.
Y está, por supuesto, la cerveza. República Checa posee una de las culturas cerveceras más importantes de Europa y una pivnice —una cervecería tradicional— es también un espacio de sociabilidad.
No hace falta convertirse en especialista. Basta sentarse, pedir una pivo y observar. En Praga, la cerveza cae bien: por calidad, por precio y porque parece formar parte naturalmente del ritmo de la ciudad.
Por momentos puede recordar a otras ciudades europeas, pero no es una París más pequeña. Tiene la suficiente potencia, belleza, identidad y basta caminarla para que esas capas se muestren al viajero atento. Quizás allí resida parte de esa mezcla de magia y misterio que resulta mucho más fácil experimentar que explicar.
Escapadas: cómo moverse en Praga
Desde el aeropuerto, el transporte público permite continuar hacia el centro combinando bus y metro. También existe el Airport Express, que conecta la terminal aérea con la estación central de trenes de Praga.
Una vez instalado, el transporte deja de ser una preocupación importante. Tranvías, metro y buses permiten moverse con facilidad, aunque buena parte de este itinerario de 48 horas puede realizarse caminando.
Para visitar el Castillo conviene consultar previamente los horarios y modalidades de entrada, ya que el acceso al recinto y el de los edificios históricos tienen horarios diferentes. La información actualizada está disponible en el sitio oficial del Castillo de Praga.
Para transporte, atractivos y planificación general puede consultarse Prague City Tourism, la oficina oficial de turismo de la ciudad.
Otras noticias que podrían interesarte
Un viaje literario por Praga, la ciudad que se lee
Praga: galerías y museos que podes visitar gratis en la ciudad
Temas relacionados

