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Destinos para volverse a encontrar

San Antonio de Areco, San Pedro, Chascomús y Tigre figuran entre esos enclaves muy cercanos de la ciudad de Buenos Aires, que nos permiten pasar el día o planificar un fin de semana alejados de todo. Algo de historia y cultura, buena gastronomía y paisajes campestres son algunas de las cualidades de estos destinos para disfrutar en familia o con amigos.

LLegan los días lindos y Viajando te recuerda algunos destinos cercanos donde disfrutar las primeras jornadas  primaverales.

SAN ANTONIO DE ARECO.

San Antonio de Areco, uno de los pueblos más antiguos de Buenos Aires, batalla por preservar la más profunda raíz tradicional de la llanura pampeana. En la actualidad, es una ciudad con más de 20 mil habitantes que no ha perdido su espíritu de pago chico.

Para comenzar vale acercarse hasta la plaza Arellano: a su alrededor se yerguen los principales edificios, como la parroquia San Antonio de Padua, que data de 1730 y dio origen al pueblo. Vale destacar que la que vemos hoy es la tercera construcción, de 1870.

Para quienes busquen arte y tradición imperdible es el Museo Las Lilas, que exhibe y difunde una valiosa selección de obras originales –acuarelas, pasteles y témperas– del reconocido artista Florencio Molina Campos. Además, el museo cuenta con una completa biblioteca de temática tradicionalista.

Cuando el apetito nos apremie, nada mejor que buscar algún lugar amable y cercano, como La Esquina de Merti, un clásico de Areco que conjuga historia y sabores locales. Quienes lo visiten podrán sumergirse en una atmósfera de otra época a través de sus antiguos objetos, chapas de viejas publicidades, productos discontinuos y una colección de fotos que da cuenta de la historia de este reducto en el que, según cuentan los locales, solía pasar el rato don Segundo Sombra, el personaje de la obra de Ricardo Güiraldes.

En cuanto al alojamiento en estancias, El Ombú ostenta un impresionante casco y una amplia variedad de actividades, entre caminatas, cabalgatas y paseos en sulky, mechadas con asados criollos. Por su parte, La Negrita Casa Hotel garantiza exclusividad al poseer sólo dos habitaciones, que permiten disfrutar del entorno con plena intimidad.

Antes de abandonar el pueblo vale la pena acercarse hasta el Museo Ricardo Güiraldes, en el cual se exhiben elementos del pasado argentino vinculados con el gaucho, sus costumbres, medios de vida y aportes a la grandeza del país.

SAN PEDRO.

Promovido como “El verde más cercano”, el destino se sitúa a 164 km. de la Ciudad de Buenos Aires, sobre la margen derecha del río Paraná.

El enclave goza del ritmo apacible de una localidad pequeña, con un centro histórico que conserva su riqueza cultural a través de la esplendorosa iglesia Nuestra Señora del Socorro, ubicada en el centro de la Plaza Constitución. En dirección a la costanera también podremos observar el antiguo Castillo Francés.

Más adelante, los miradores sobre las barrancas invitan a desandar el paseo costanero. Allí se suceden los campings y clubes de pesca, que orientan su oferta a las actividades náuticas y el contacto con la naturaleza.

Otra opción es visitar La Campiña, establecimiento frutícola creado por los periodistas Mónica Cahen D’Anvers y César Mascetti, que además de mostrar el proceso de la fruticultura cuenta con restaurante, casa de té y almacén de regionales.

Por otra parte, en el predio del parque artístico “El sueño del Tano” se exhiben más de 60 esculturas del artista Graziano Penduzzo, que se descubren a medida que avanzamos entre la frondosa vegetación. Asimismo, cuatro salas exhiben objetos históricos locales y otros relacionados con la Batalla de la Vuelta de Obligado.

Antes de abandonar San Pedro es imprescindible probar la delicia local por excelencia: la ensaimada. Se trata de una masa dulce y esponjosa rellena con crema pastelera o dulce de leche y cubierta con azúcar impalpable. Se dice que su receta llegó hasta San Pedro de manos de los mallorquines pioneros en la región y con el tiempo se ha convertido en la estrella indiscutida de cualquier merienda sampedrina.

CHASCOMUS.

Una visita a Chascomús comienza indefectiblemente con un desayuno en el km. 113, a la vera de la Autovía 2, en la confitería Atalaya. Luego nos encaminaremos hacia la localidad propiamente dicha.

Comenzando por la avenida Libres del Sur, arteria principal de la ciudad, podremos observar joyas arquitectónicas como el Reloj de los Italianos, el edificio del Club Social y el del Banco de la Provincia de Buenos Aires.

A pocos metros se accede al Parque de los Libres del Sur, un amplio espacio verde que limita con los balnearios céntricos de la laguna de Chascomús. Almorzar en uno de los establecimientos ubicados en el paseo de la ribera es una buena opción.

La tarde promete tintes históricos: para eso nada mejor que darse una vuelta por el Museo Pampeano. Este edificio colonial revela los tesoros del patrimonio de Chascomús, a partir de una semblanza desde el primer asentamiento de los habitantes originarios hasta la vida en la época colonial y la sociedad de Chascomús del siglo XX.

En tanto, “La capilla de los negros”, emplazada en la esquina de Lamadrid y Venezuela, es una sencilla construcción centenaria que sirvió de lugar de veneración para la comunidad negra que vivía en Chascomús a principios del siglo XIX. Mitad santa y mitad candombera, la capilla fue utilizada como hospital de emergencia durante la epidemia de cólera y luego la de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires en 1871. Actualmente es uno de los pocos legados materiales de la raza negra que se conserva en la región.

Finalmente, para disfrutar la laguna en todo su esplendor, es recomendable llegar hasta el sector de Las Escalinatas, donde al caer la tarde se puede apreciar uno de los más bellos atardeceres bonaerenses. Los fogones, el mate y la guitarreada acompañan este fenómeno que no deja de sorprendernos con un espectáculo único cada jornada.

TIGRE.

En Tigre las opciones son numerosas, tanto en el centro de la ciudad como en su área insular.

Al llegar, es factible que la variedad de alternativas nos desoriente. Entonces la mejor idea es subirse al bus turístico, que ofrece salidas cada 30 o 60 minutos y recorre el área continental de Tigre con paradas en los principales atractivos: el Museo Naval, el Museo de Arte de Tigre (MAT), el casino y la estación fluvial, entre otros.

Si descendemos en el MAT, que funciona en el edificio que otrora fuera el Tigre Club, nos encontraremos con un palacio de principios del siglo XX que fue la referencia social, cultural y deportiva de esa época. Hoy se redefine como un atractivo museo que contiene piezas fundamentales del arte argentino figurativo de los siglos XIX y XX.

Desde el MAT podemos regresar bordeando el Paseo Victorica, por el margen continental del río Luján. Al caminar se suceden los emblemáticos clubes de remo, bares, restaurantes y parrillas, reductos gastronómicos por excelencia de la zona. Una vez desandados, podemos acercarnos hasta el Puerto y Mercado de Frutos, paseo de compras al aire libre repleto de muebles, frutas, flores, lámparas, mimbres y elementos de decoración.

Por último, si los viajeros componen un grupo familiar, a pocos metros está el Parque de la Costa, que reúne más de 70 atracciones y juegos para todas las edades. Si se trata de adultos, a su lado se ubica el casino Trilenium.

Por otro lado, quienes deseen alejarse del continente y sólo dispongan de unas horas, pueden realizar un paseo en catamarán o en lancha por la primera sección del Delta. En general, estos circuitos duran una hora y media y en la mayoría de los casos cuentan con un guía a bordo que pondrá en valor las principales características del área natural.

En tanto, pasar el fin de semana en el Delta es una alternativa que requiere algo más de logística, ya que tenemos que prever el alojamiento. Algunos establecimientos como la Posada Isla Escondida o Amarran Sancho ofrecen planes para disfrutar en pareja o con amigos.

La Posada Isla Escondida consiste en una antigua casona de estilo inglés reciclada en 2006, con piscinas, nueve suites, dos cabañas exclusivas y propuestas de spa: sauna, masajes, sesiones de aromaterapia y clases de yoga. Los huéspedes pueden hacer uso de las instalaciones, comer un asado y realizar actividades libremente.

Si la gastronomía es prioridad, Amarran Sancho ofrece platos con productos regionales, como los crocantines de surubí o el dorado envuelto en espinacas. A los postres, el crocante de nueces pecán es uno de los predilectos de los comensales.

Tanto Posada Isla Escondida como Amarran Sancho son sólo dos de los establecimientos que proponen alternativas para pasar el día, organizar un evento corporativo o disfrutar de un fin de semana en nuestro Delta.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar:
San Antonio de Areco: a 113 km. de Buenos Aires por la Ruta Nacional Nº8. La empresa Nueva Chevallier ofrece frecuencias diarias.
San Pedro: a 164 km. de Buenos Aires por la Ruta Nacional Nº9.
Tigre: por Ruta Panamericana hasta el Acceso Norte, ramal Tigre de la Autopista del Sol (27 km.). En tren: línea Mitre-Tigre desde Retiro o Tren de la Costa desde la estación Maipú.
Chascomús: por la Autovía 2, en el Km. 113. Dos peajes, el de la Autovía y el de Samborombón.
Alojamiento:
San Antonio de Areco: La Negrita Casa Hotel [email protected].
San Pedro: Hotel de Turismo: (5403329) 42-6888 [email protected].
Posada Isla Escondida: [email protected].

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