Las ruinas de las misiones jesuíticas guaraníes –erigidas en el siglo XVII– son rastros que dejó el encuentro entre los colonizadores europeos y los pueblos originarios de América Latina. Se encuentran en Misiones, donde la Compañía de Jesús –fundada por San Ignacio de Loyola en 1534 y bajo el lema ‘Por la mayor gloria del Señor’– estableció las reducciones como modelo de organización social, cultural y económica.
Misiones jesuíticas guaraníes, historia viva de América Latina
Además de su valor histórico, la arquitectura que aún sigue en pie y que combina el barroco colonial con los trazos artísticos de los guaraníes, constituye uno de los principales atractivos turísticos de la provincia.
LOS CUATRO EXPONENTES.
Uno de los principales referentes de estas ciudadelas es la reducción de San Ignacio Miní, un poblado de viviendas, iglesia y talleres construido en 1632.
Actualmente es la reducción que se encuentra en mejor estado de conservación y, de hecho, el casco urbano del pueblo se conformó alrededor de ella.
La planta urbana, que aún puede apreciarse en parte, estaba organizada alrededor de la plaza y presidida por el cabildo y el templo mayor. Aún hoy en el portal de ingreso de la iglesia se pueden distinguir los diseños de impronta guaraní, como las figuras de ángeles, palomas y motivos de la vegetación local.
Otro hito del circuito jesuita lo constituye la reducción de Santa Ana. Originalmente fue fundada en Rio Grande do Sul en 1633. En 1638 emigró a las costas del río Uruguay y en 1639 a las del Paraná. Desde allí se produjo su última mudanza, en 1660.
Actualmente está en pie el muro lateral del templo, que limita con el cementerio y tiene –por tramos– hasta cinco metros de altura. A pesar del avance de la selva, se pueden observar la plaza central, la iglesia, las viviendas, los talleres y el cementerio.
Por otra parte, también se puede acceder a la reducción de Santa María la Mayor. Allí funcionó una imprenta que, entre 1722 y 1724, editó los libros "Arte de la Lengua Guaraní" y "Vocabulario de la Lengua Guaraní", del padre Antonio Ruiz de Montoya; y "Explicación del Catecismo", del cacique Nicolás Yapuguay, obras que constituyen los primeros libros publicados en el actual territorio argentino.
La reducción, que sigue el tradicional esquema urbano de las misiones, aún conserva importantes vestigios de sus construcciones.
Finalmente, se puede destacar la reducción Nuestra Señora de Loreto, que ocupa cerca de 75 ha. Su trazado está ordenado alrededor de la plaza donde se alza la iglesia –con la imagen de la Virgen de Loreto en la puerta principal–, la sacristía, la casa de los padres, escuela, cementerio, huerta y otras dependencias comunitarias.
En esta misión, que se especializó en la producción de yerba mate, también se instaló una imprenta con la que se editaron varios ejemplares a partir del 1700.
En 1984 cuatro misiones jesuíticas argentinas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se trató de San Ignacio Miní, Santa Ana, Nuestra Señora de Loreto y Santa María la Mayor. Cada una cuenta con un diseño particular, fueron utilizadas para fines diversos y se encuentran en distinto estado de conservación.
Al momento de la declaración, la Unesco explicó que las misiones “representan una experiencia económica y socio-cultural sin precedentes en la historia de los pueblos".
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