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Fervor colonial en la mitad del mundo

La Semana Santa de Quito, fusión de la tradicional celebración cristiana con las culturas autóctonas, constituye un evento religioso y festivo de características únicas por su profundidad mística, colorido y solemnidad ritual.
Es Viernes Santo. La procesión de Jesús del Gran Poder avanza con lentitud por las principales calles de Quito. Penitentes encapuchados personifican el arrepentimiento de los pecadores; forman parte del cortejo y rememoran la razón de la muerte de Cristo. En tanto, ataviadas con sus mejores galas, recién maquilladas, cubiertas con hermosas capas de terciopelo y rodeadas de mucha pompa, las imágenes religiosas son transportadas en multitudinarias y exuberantes procesiones. Centenares de feligreses se arremolinan en torno de ellas en una efervescente marcha.
Hace varios siglos, cuando franciscanos, dominicos y mercedarios llegaron a las tierras quiteñas como miembros de las órdenes mendicantes, evangelizaron, convirtieron y bautizaron a los indígenas. Pero nunca imaginaron que, con el intercambio de costumbres, se estaba dando origen a una de las celebraciones litúrgicas más llamativas y admiradas de las colonias españolas, donde todavía se mezcla el misticismo prehispánico con la mirada de la Europa renacentista: la Semana Santa de Quito.
Se trata de un acto solemne, pletórico de religiosidad y colorido, que surgió poco después de haber sido fundado el asentamiento colonial. Gira alrededor de cofradías que funcionan como fraternidades, organizadas con objeto de preparar las magníficas procesiones que van desde el miércoles hasta el viernes antes de Pascua.

Suntuosa celebración.
Entre cruces, mariposas y otras figuras tejidas con palmas blancas que resaltan la tradición artesanal de esta comunidad, las iglesias y calles se colman de fieles para dar inicio a uno de los más alegres y vistosos eventos litúrgicos del año: el Domingo de Ramos. Así, durante una ceremonia de bendición, la gente de Quito brinda una simbólica bienvenida a Jesús de Nazaret.
Más tarde llevarán los ramos a sus casas como emblema protector, mientras que en el convento de San Francisco se guardarán otros que luego se secarán al sol y quemarán -mezclados con romero bendito- para utilizar las cenizas y recordar a los fieles que forman parte del universo que "polvo son y en polvo se convertirán".
Esta procesión con palmas ornamentales es la señal, marca el comienzo de las festividades de Pascua.
En tanto, el Martes Santo, Quito hace gala de una antigua tradición, que consiste en llevar los cereales al mercado para preparar la sopa Fanesca del Viernes. Desde luego, también es una procesión y en ella participan los "jocheros" (campesinos que llevaban los ingredientes para la preparación de la comida, la cual se servía en las bodas -"jochos"- y en las fiestas de los pueblos) y sus burros de carga. La comitiva avanza custodiada por populares personajes de la comunidad.
El Miércoles Santo, vestidos con caudas (capas negras) los arcedianos se acuestan frente al presbiterio mientras el obispo pasa una ancha bandera sobre ellos y el coro entona canciones alusivas a la pasión y muerte de Cristo. Esta ceremonia se llama "Arrastre de caudas" y tiene sus raíces en el Imperio Romano, cuando el ejército honró a un general que falleció en una batalla. Así, el objetivo en Quito es recordar que no importa la posición social o económica: todos los humanos deben morir para vivir como Jesús: en la gloria.
El día que recuerda la Última Cena, el Jueves Santo, en la mayoría de los templos quiteños comienza la oración y el Vía Crucis. Luego tiene lugar la Misa Crismal en la catedral, en la que los arzobispos y obispos exigen a todos los sacerdotes de la ciudad asistir al servicio para renovar sus votos religiosos. Ese día se ofician misas durante toda la tarde para recibir a Cristo mediante la comunión y los fieles suelen recorrer siete iglesias.
Los templos son engalanados y se decoran sus altares con ropa, telas, plata y los mejores tesoros. Además, en el tabernáculo se coloca un vaso y pan bendito para recordar la cautividad de Jesús.
Por la noche del Jueves Santo, alrededor de 40 iglesias de la Ciudad Vieja ostentan toda su majestuosidad y se preparan para la gran peregrinación de los "cucuruchos".

El comienzo del fin.
Durante la procesión de Jesús del Gran Poder, las túnicas púrpura dominan el panorama y sus agudos capuchones cubren los rostros de los hombres, cuyas manos enfundadas en guantes blancos sostienen enormes cirios que presiden una legión de penitentes. Fieles ocultan el dolor con el rostro cubierto mientras su torso desnudo recibe los azotes de la flagelación durante todo el recorrido. Otros avanzan penosamente con cadenas en sus pies y algunos se colocan coronas de espinas.
Los "cucuruchos" reconstruyen las escenas de los Pasos a la Cruz, que fueron populares en España durante el siglo XVII. Simbolizan a los penitentes que, vestidos de púrpura, muestran su arrepentimiento y voluntad de cambiar. Estos, y las verónicas con sus elegantes trajes, son las figuras tradicionales que acompañan al Jesús del Gran Poder y la Virgen Dolorosa durante la procesión que comienza y concluye en la iglesia San Francisco, luego de atravesar una gran parte del centro histórico de Quito.

No todo es procesión.

En los dos últimos días la gastronomía ecuatoriana se torna especial, pues las familias preparan la tradicional "Fanesca", una sopa de granos que suele acompañarse con empanadas, encurtidos, masitas y maqueños. Una gran oportunidad para reconciliarse y compartir en familia.
Precisamente, la Semana Santa culmina con el jolgorio del Domingo de Pascua, un evento muy especial que incluye corridas de toros, demostraciones de flamenco y una procesión desde el hotel Quito hasta la plaza Belmonte, donde está ubicada la plaza taurina. Además, esta temporada la municipalidad de Quito ofrecerá exhibiciones artísticas y encuentros culturales que enriquecen la experiencia de la Semana Santa quiteña.
La actividad artística más destacada es el Festival de Música Sacra, en el que se reúnen exponentes de categoría mundial, quienes aprovechan los templos como escenarios incomparables para interpretar este género musical. El festival concluye cada año con un imponente concierto de campanas logrado gracias a los tradicionales campanarios de este centro histórico.
De esta forma, allí -justo donde se divide el mundo- los visitantes también pueden maravillarse con los tesoros de los templos coloniales que estarán a la vista esta temporada, así como los demás atractivos de Ecuador: museos, arte y artesanías que convierten a este destino en el ideal para el turismo histórico y religioso. Hace siglos, las órdenes mendicantes no lo hubieran imaginado...

El sitio web de la Corporación Metropolitana de Turismo de Quito brinda un completo calendario de actividades religiosas y artísticas, además de información sobre alojamiento y gastronomía.

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