¿Qué atesora Toscana? Bosques espesos y oscuros, largas hileras de cipreses y una sucesión de colinas tornasoladas que cambian de color con el paso de las estaciones: prados verdes en primavera, campos dorados en verano, tierra gris y desnuda en invierno. Estas tierras son un rompecabezas de mil colores y matices; una diversidad de campos, huertos, olivares, iglesias, murallas y castillos que revelan una historia milenaria.
Sin embargo, además de belleza paisajística alberga epopeyas y amplio patrimonio artístico. Aquí habitaron y dejaron su legado los romanos, los Médici, el Renacimiento, Brunelleschi, Giotto, Galileo Galilei, Dante Alighieri, Boccaccio y Miguel Ángel.
BELLEZA Y ARMONIA.
Florencia, la patria de Dante y Leonardo, se perfila como la ciudad ideal para comenzar a desandar la Toscana. Recorriendo las orillas del río Arno se inicia la travesía. Desde lejos y a pesar de los usuales mantos de niebla se puede apreciar el Puente Viejo. De hecho, se si agudiza un poco la visión se adivinan a los novios que eligen esta postal para sus fotos de casamiento. Más aun, los orfebres florentinos aseguran que comprar el anillo de compromiso en las joyerías emplazadas sobre el puente garantiza la unión y el amor entre los cónyuges “para toda la vida”.
Si bien la ciudad es un entramado de iglesias, torres y mansiones, todas se empañan con la soberbia presencia de la Catedral Santa María del Fiore. Su Duomo sorprende por la esbeltez del campanario de 82 m. de altura y por la cúpula, expresión del talento creativo de Brunelleschi. A esta zona los locales la llaman “Oltrarno”, es decir más allá del Arno, ya que el centro de la urbe se encuentra en la otra orilla del río.
Antes de cruzar su cauce se hace imprescindible hacer un alto en la Gallería degli Uffizi: una antigua sede de la magistratura florentina y la primera sede de la colección de pintura de los Médici. De hecho, actualmente conserva obras de Botticelli, Miguel Ángel, Leonardo, Verrocchio, Paolo Uccello y Raffaello.
Ya del otro lado del Arno se ubica la Piazza della Signoria, donde se alza el Palazzo Vecchio. Sus góticas arcadas contemplaron cómo los Médici unían el poder político con el más extraordinario mecenazgo artístico de la historia. Al menos el más fructífero, ya que convirtió a esta ciudad en la máxima expresión del Renacimiento. Presidido por esculturas de Donatello y Miguel Ángel, esconde en su interior un patio adornado con una bellísima galería de arcos y fuentes de agua.
Otros dos hitos de Florencia son el Palazzo Pitti, una antigua residencia de los Médici que aloja actualmente al museo de plata, la galería palatina y la de arte moderno y los jardines de Bóboli; y la Galería de la Academia que exhibe obras del siglo XIV, entre las que sobresale el “David” de Miguel Ángel.
LOS “RASCACIELOS” DEL MEDIEVO.
A medida que Florencia va quedando atrás, extensos viñedos escalan las colinas y los cipreses custodian los límites del camino. De tanto en tanto una villa recuerda que estos campos fueron los feudos de las grandes familias renacentistas; por lo tanto también dejaron en las campiñas su impronta arquitectónica.
De improviso un peculiar bosque de torres se recorta en el horizonte: es San Gimignano, uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Italia. Los enfrentamientos que libraron los güelfos y los gibelinos –partidarios del papa y del emperador, respectivamente- explica que en los siglos XIII y XIV se erigieran más de 70 torres en defensa de este núcleo urbano. Hoy solo se conservan 13, las suficientes para hacer de este rincón toscano una parada obligatoria.
UN DIA PARA VIAJAR EN EL TIEMPO.
Una torre que emerge sobre un manto de techos rojos -la del Mangia- indica la proximidad de Siena. El peculiar diseño medieval de esta ciudad se estructura a partir de la Piazza del Campo, un recinto que acoge en julio y agosto la fiesta que vuelve el tiempo atrás: el Palio.
Es la más peculiar carrera hípica que se conoce en la que rivalizan jinetes de distintos núcleos urbanos. El colorido de la indumentaria, el cuidado de los estandartes que llevan los abanderados y el escenario urbano hacen de esta celebración un evento único.
Sin embargo, Siena no sólo conserva su estilo medieval a través de sus ritos. Desde el siglo XVII una ley protege el original trazado. Entre otros aspectos, respeta la altura de los edificios, la calidad de las restauraciones y el mantenimiento del característico tono ocre de las fachadas.
DESAFIANDO LA GRAVEDAD.
Reconocida mundialmente por su torre inclinada, Pisa sorprende al viajero con otros tesoros y por el encanto de la Piazza dei Miracoli. Los principales monumentos están situados dentro de esta última. El Duomo tiene una atractiva fachada de mármol y puertas de bronce. Pero lo mejor se esconde en su interior: un bello púlpito con tallas del orfebre Giovanni Pisano. A su lado se alza el edificio circular del baptisterio y la torre inclinada. La escasez de cimientos sólidos explica la inclinación de esta construcción que hacía las veces de campanario.
Disfrutar de las tardes de sol en esta plaza es un hábito para quienes viven en la ciudad. Una costumbre que también adoptaron los turistas y que acompañan con la visita a las cafeterías que rodean este predio.
Sin embargo, la grandeza de Pisa no termina allí. Lamentablemente, la fama de la torre que le dio renombre internacional a la ciudad también la condenó a ser tan admirada como desconocida en sus pequeños detalles. En ella además se puede disfrutar de la iglesia de San Pietro in Vinculis, de palacetes renacentistas y barrocos, y de románticas callejuelas en el centro histórico.
DENTRO DE LOS LIMITES DE UNA MURALLA.
Al norte de Pisa se ubica Lucca, la ciudad más melómana de Italia. Alcanzó este rango por ser la cuna de Boccherini, Giaccomo Puccini y festivales que reúnen los nombres más prestigiosos de la música sinfónica. Fundada por los romanos, Lucca cuenta con un anfiteatro clásico que brilla durante los eventos culturales que se desarrollan en la época estival.
Asimismo, es una ciudad medieval que conserva intacta su muralla defensiva. Pasear por su sendero superior ofrece uno de las mejores vistas toscanas. Al interior de este cinturón defensivo se encuentran entre otros sitios destacados: la catedral de San Martino -una construcción gótica, con una fachada de mármol y un campanario del siglo XIII-, la casa de Puccini y la iglesia San Michele, situada en la plaza que lleva su mismo nombre.
LA CAMPIÑA TOSCANA.
Más de la mitad del turismo rural de Italia se concentra en las residencias, villas y establecimientos toscanos. Sin embargo, pese a la avalancha de visitantes, la región conserva un inconfundible sentido del buen gusto. Toscana es tanto tierra de literatura y pintura como de aromas y sabores. Entre Florencia y Siena se extiende una de las zonas vitivinícolas más reconocidas del Mediterráneo: la región del Chianti.
Asimismo, andando por las rutas de la región, cuando los viñedos desaparecen nacen las colinas arboladas. En ellas castillos y monasterios dan cuenta de un país que fue dominado por los etruscos, receptor de la civilización romana y germen de la cultura medieval.
Toscana esconde además un peculiar modo de vivir de sus habitantes, quienes disfrutan de la belleza y el arte en sus espacios cotidianos. En definitiva es una tierra en la que, en palabras de Leonardo da Vinci, “se nace más alegre y feliz que en ninguna otra parte”.
Región de Toscana, un destino donde renacer
Exquisita en sabores, bella en colores y matices, rica en cultura y patrimonio, Toscana conserva perfectamente toda la grandiosidad del Renacimiento italiano en cada rincón. Toda la región huele, sabe y es puro Mediterráneo; recorrerla es acercarse a ambientes apacibles, deleitarse con paisajes infinitos y descansar en sus confortables estancias.
Para quienes buscan unas vacaciones “slow” y en contacto con la naturaleza una de las posibilidades es pensar la estadía en una casa rural. Además de estar bien equipadas ofrecen la posibilidad de realizar actividad física a través de sus programas de ciclismo, cabalgata o trekking.
Asimismo, las casonas rurales están equipadas con ambientes rústicos y cálidos, chimeneas a leña o estufas de hierro, muebles de madera y pisos de piedra que invitan a la relajación.
Para quienes no desean realizar deportes las jornadas pueden transcurrir leyendo un libro, bebiendo un capuchino caliente o disfrutando de la cotidianidad de los toscanos sentado en el bar de la plaza del pueblo.
Para este tipo de programas lo ideal es planificar el viaje entre mayo y octubre. Dado que en primavera florecen los campos verdes de trigo y las rojas amapolas. Mientras que en octubre prevalecen los tonos rojizos característicos de la vendimia.
La región cuenta además con una rica gastronomía, acompañada con vinos de prestigio internacional. Entre los platos típicos se encuentran las pastas, como los pici (spaghetti grandes hechos a mano) y los ravioli rellenos de ricota y espinacas.
Asimismo, el aceite de oliva, el pecorino toscano y los embutidos son otras de las recomendaciones para saborear en un viaje por la exquisita Toscana.
Florencia: creció amparada bajo el poder de los Médici que atrajeron a los más destacados creadores del Renacimiento. Algunas de las obras que se conservan actualmente son la catedral, el baptisterio y el Palazzo Vecchio. Siena: en torno a la Piazza del Campo se erigen edificios centenarios y pintorescos. Se trata de una ciudad que vuelve el tiempo atrás durante la atractiva fiesta del Palio. Pisa: junto a su reconocida torre que desafía la gravedad se emplaza un atractivo conjunto arquitectónico: la catedral, el baptisterio y el camposanto. Lucca: protegida del tiempo por una muralla renacentista, es una de las ciudades más bellas y bohemias de Italia. En el interior de su centro histórico se encuentran la catedral de San Martino y diversos museos.
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