Apenas el capitán anuncia que estamos sobre la loza del Aeropuerto Internacional de Guarulhos, en San Pablo, la bossa nova comienza a salir por los parlantes del avión y el calor a colarse por entre los pasillos; los pensamientos cambian radicalmente y la alegría se apodera de todo el cuerpo. Para muchos el antiguo edificio es un lugar de conexión para otros maravillosos destinos del Brasil, sin embargo, tras esas grandes carreteras se encuentra una de las más atractivas metrópolis del mundo.
Helicópteros por doquier, arquitectura de primer nivel, lujosas tiendas y restaurantes siempre chic, San Pablo encanta desde la primera visita, además su gente, siempre amigable y sonriente, hacen de la capital financiera de Brasil el lugar ideal para una vacaciones con estilo. Aun para quienes piensan que unas vacaciones deben tener playa -la verdad, no es que San Pablo las necesite-, a pocos kilómetros la costa paulista dejará satisfecho hasta al más exigente.
Energizante, elegante, cosmopolita, San Pablo
ICONOS DE LA ARQUITECTURA.
Un primer recorrido sin duda debe ser al centro de la ciudad y puede comenzar visitando la Catedral Metropolitana de San Pablo o Catedral da Sé, localizada frente a la plaza Clovis Bevilacqua. La enorme construcción tiene capacidad para 8 mil personas y es uno de los cinco templos góticos más grandes del mundo.
A pasos, entre grandes y antiguos edificios, se encuentra el Pátio do Colégio, hito fundacional de la ciudad, frente a la plaza padre Manuel da Nóbrega.
Magna, espaciosa y llenas de contraste es la Avenida Paulista, uno de los lugares más famosos y cuyo metro cuadrado es el más caro de Sudamérica. Grandes y modernos edificios se mezclan con antiguas casas de dos pisos que parecen pequeños palacios de la época donde los cafeteros dominaban la ciudad. Por supuesto que por sus calles circulan miles de personas a diario, siempre sonriendo. Si se topa con un taco de envergadura, y sí que lo hará, aproveche para admirar la arquitectura y haga como los paulistas... sonría.
CULTURA ENTRETENIDA.
De más está decir que San Pablo tiene una activa vida cultural. Galerías de arte, teatros, cine y hasta sus campañas publicitarias son obras de arte, pero sin duda que su oferta de museos sorprende a cualquiera. En la misma Paulista se encuentra el Museo de Arte, una enorme caja levantada sobre columnas rojas. En su interior, el MASP alberga más de 8 mil obras como pinturas, esculturas, diseños, grabados y artes decorativas europeas -del siglo XIII hasta hoy- trabajos de artistas de renombre como Gauguin, Van Gogh, Picasso, Degas, Portinari, Almeida Júnior, Carvalho y Rivera, entre otros.
Más alejado del centro, el Parque de Luz es otro lugar que alberga un importante muestra cultural. El jardín botánico más antiguo de San Pablo cuenta con majestuosas obras de destacados artistas. Además, a un costado se encuentra uno de los edificios más impresionantes de la ciudad: la Pinacoteca del Estado. Vaya con tiempo y sea empático ya que durante su recorrido se encontrará con cientos de niños y jóvenes ávidos de conocimiento que en un dos por tres lo harán parte del grupo en los recorridos guiados por las diferentes galerías.
El edificio fue proyectado por Ramos de Azevedo en 1897. Luego de una completa restauración, la magnifica infraestructura de ladrillo a la vista y amplias ventanas se convirtió en hogar de importantes exposiciones con obras de Rodin y de Miró. Entre su patrimonio de alrededor de 4 mil piezas, expone trabajos de artistas como Almeida Júnior, Pedro Alexandrino y Oscar Pereira da Silva, además de obras representativas de Cândido Portinari, Anita Malfatti, Victor Brecheret, Tarsila do Amaral y Di Cavalcanti.
No deje de atravesar la calle y visitar otro prodigio de la arquitectura paulista, la Estación de Luz, que alberga el Museo de la Lengua Portuguesa, inaugurado en 2006.
SABORES Y ESTILO.
Uno de los lugares para conocer a fondo las raíces de un pueblo es el Mercado Municipal, y el de San Pablo no es la excepción. Magistralmente ordenado en un majestuoso edificio de calles limpias y atiborradas de cientos de productos, sus olores se entremezclan brindando una exquisita fragancia que embriaga. Obliga a preguntar y, por qué no, a probar cada una de las frutas, verduras y especias que llenan la vista con sus mágicos colores.
El edificio es de un estilo totalmente ecléctico: fue construido de 1928 a 1933 por el estudio del arquitecto Francisco de Paula Ramos de Azevedo. Destacan las fachadas, obra de Felisberto Manzini y en su interior los magníficos vitrales de Conrado Sorgenicht Filho.
El mercado, frecuentado principalmente por los paulistanos, también ofrece una fina selección de licores, productos típicos y los mejores lugares para disfrutar de una tradicional feijoada o una larga lista de preparaciones típicas. Entre los dulces, las cocadas son de lo mejor.
Temas relacionados

