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Cuando el Azul es el color más cálido

Siempre radiante, la Costa Azul ha sido históricamente un bastión de la sofisticación y el buen vivir. Con epicentro en Niza, es interesante descubrir las múltiples opciones de la riviera francesa, desde la exclusividad de Cannes hasta el encantador pueblo de Mougins, pasando por la singular propuesta de la fábrica de perfumes Fragonard.

En 1887 el escritor Stéphen Liégeard acuña por primera vez el término “Côte d’Azur”, al titular su libro dedicado a exaltar la luminosidad, el mar y los pueblos de la costa sudeste de Francia. Y en la misma medida en que el nombre de “Costa Azul” fue ganando aceptación, a través de los años el esplendor del área se fue magnificando de tal manera que la región se convirtió en una referencia ineludible de la sofisticación y el verdadero art de vivre. Los paisajes, los servicios y la gastronomía –hoy especialmente codiciados por los magnates rusos– siguen haciendo gala de su vigencia.

NIZA.

La ciudad que cobijó a Cary Grant y Grace Kelly en el filme hitckockiano Para atrapar al ladrón sirve como base para conocer toda la región. Al borde del Mediterráneo, Niza debe parte de su fama a su rambla, mejor conocida como Promenade des Anglais, en honor a la aristocracia británica que la construyó. De hecho, durante fines del siglo XIX y principios del XX, una de las ilustres visitantes era la reina Victoria I de Inglaterra, quien siempre elegía la ciudad como destino vacacional de invierno.

Con los vanidosos descapotables a la cabeza, actualmente los autos de lujo pasan a buena velocidad mientras los transeúntes se dejan tentar por las mieles de tiendas como Cartier y Façonnable. Aquí también se encuentra el alojamiento más tradicional del enclave: el Hotel Negresco, un palacio de la Belle Époque construido en 1912. Cuenta con 121 habitaciones y 24 suites, cada una con su decoración particular, reflejando estilos que van desde Luis XIII al arte moderno.

Ahora bien, sobre las playas hay que aclarar que no son de arena, sino de cantos redondeados. Aún así, los visitantes no dejan de aprovechar el sol y el agua, en 20 playas públicas y 15 privadas. Estas últimas proponen colchonetas, sombrillas y duchas, así como restaurantes con vista al mar.

Siguiendo el curso de la historia, la Promenade des Anglais se transforma en el Quai des États-Unis, bautizada así para reivindicar el rol de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En este segmento de la rambla es buena idea alejarse del aire marino e internarse en los mismos orígenes de la ciudad: bienvenidos a la Vieja Niza.

En esta zona de callejuelas y casas altas se evidencia el acervo italiano heredado de tiempos en que Nizza aún no pertenecía al territorio francés. Su anexión se concretó en 1860, tras una controvertida votación de los ciudadanos. De día o de noche, éste es el lugar indicado para pasear, comprar y, claro que sí, probar lo mejor de la gastronomía local.

Entre las delicias se pueden mencionar el aceite de oliva (extraído de la variedad de aceitunas “cailletier”), la famosa ensalada niçoise, la socca (preparación en base a harina de garbanzo) y las pastas. Todo se acompaña con vino de Bellet. En este sentido, el restaurante Acchiardo (38, rue Droite) es una institución: se trata de un emprendimiento familiar abierto en 1927, donde hoy papá Joseph, mamá Evelyn y sus hijos son anfitriones de excelencia.

La ciudad vieja está separada del resto de Niza por un nuevo hito urbano: la Promenade du Paillons, que abrió en septiembre del año pasado. Se trata de un paseo que comienza en el Museo de Arte Moderno, entre espacios parquizados, caminos de piedra y espejos de agua, para finalmente llegar a la plaza Masséna. Aquí se erigen siete esculturas luminosas, obra del español Jaume Plensa, que por las noches cambian su color mientras el tranvía pasa entre medio de ellas. Desde allí y hacia el este se puede desandar la elegante avenida Jean Médecin, que entre sus edificios de arcadas guarda la versión nizarda de las Galerías Lafayette.

Por otro lado, cabe destacar el rol de la cultura en el destino. Detrás de París, es la segunda ciudad francesa con más museos: 19 en total, todos gratuitos a excepción del de Chagall, a cargo de la administración central de Francia. El Museo Matisse reivindica a uno de los grandes habitantes de Niza, donde el pintor vivió a principios del siglo XX y falleció en 1954.

Otro exponente cultural es el famoso Carnaval de Niza, cuya edición 2015 se celebrará del 13 de febrero al 1º de marzo, con sus famosas “batallas de flores” y condiciones especiales para agencias que quieran llevar grupos.

CANNES.

La receta de la felicidad en Cannes es: una playa de arena dorada, una terraza al sol, la brisa del Mediterráneo y un plato gourmet. La vía balnearia aquí adopta el nombre de La Croisette, donde múltiples restaurantes –que salen de lo regional y apuntan a la vanguardia– se ubican de cara al mar. Alternando con tiendas de lujosas marcas, los hoteles se alinean para ofrecer sus más sofisticadas habitaciones, siendo la más cara de ellas la Penthouse Suite del Grand Hyatt Cannes Hôtel Martinez, una ganga de US$ 35 mil por noche. Para una vista amplia de la bahía es necesario adentrarse en la parte vieja de la ciudad, donde se encuentra la colina de Suquet.

También en la Croisette, un paso inevitable es el Palais des Festivals, donde año tras año se reúnen actores y directores internacionales en ocasión del Festival de Cine de Cannes. Con su propio paseo de la fama –con estrellas y manos de celebridades plasmadas en baldosas de cemento–, este centro de convenciones ofrece visitas guiadas dos o tres veces por mes, siguiendo los pasos de los famosos que participan del festival.

Si el pasajero prefiere alejarse de los flashes, puede visitar las islas Lérins, frente a Cannes: Saint-Honorat propone una reclusión natural, mientras que Sainte Marguerite ostenta el castillo-prisión en donde se forjó la leyenda del Hombre de la Máscara de Hierro.

MOUGINS.

Los mismos residentes de Niza y Cannes reconocen que para vivir en el pueblo de Mougins hay que ser una persona adinerada. Pero visitarla es mucho menos costoso.

Básicamente se trata de una colina con una única calle que, en forma de caracol, nos va guiando mientras ascendemos. Pero no se trata sólo de un lugar pintoresco: reconocido por su cocina, Mougins es sede del Festival Les Étoiles, dedicado a la gastronomía de alto nivel, con chefs invitados de todo el mundo.

Asimismo, la cultura dice presente a través del Museo André Villers, consagrado al fotógrafo que con su lente supo retratar a los grandes artistas y personalidades del siglo XX, como a Picasso, Cocteau y tantos otros.

Y para finalizar, una perla: el Museo de Arte Clásico de Mougins, que en una iniciativa sumamente original decidió demostrar que la belleza del mundo antiguo ha inspirado al arte moderno y contemporáneo. De esta manera, su colección agrupa esculturas, joyas y armaduras de origen romano, griego y egipcio, entre las que se insertan un centenar de obras de artistas como Rodin, Dalí, Warhol y Damien Hirst.

LOS PERFUMES DE FRAGONARD.

En el corazón de Grasse, pueblo al noroeste de Mougins, se encuentra la fábrica histórica de perfumes Fragonard, una exclusiva marca que sólo comercializa sus productos dentro de Francia. Abierta en 1926, adoptó el nombre del famoso pintor Jean-honoré Fragonard, y cada día produce perfumes, cosméticos y jabones, siempre respetando las tradiciones de la actividad.

Las visitas guiadas –disponibles en español– proponen descubrir los procesos de fabricación, incluyendo métodos modernos y artesanales, como la mítica técnica del enfleurage, empleada para recuperar los extractos de flores como el jazmín, la rosa y el narciso. Del mismo modo, el museo presenta una colección privada de frascos, alambiques y otros aparatos que relatan la historia de la perfumería desde la antigüedad hasta nuestros días.

Pero la propuesta más original consiste en convertirse en un aprendiz de perfumista, nutriéndose de todo el savoir-faire de los profesionales. Se trata de una experiencia sensorial y lúdica en la que los participantes reconocerán la diversidad de esencias aromáticas y sus roles en la “pirámide olfativa”, para finalmente combinarlas y crear una fragancia original.

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