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Cruceros

El Wonder, un crucero con la magia de Disney

Los personajes y la calidad de servicio del sello Disney no están solo en sus parques temáticos. También se hallan en los barcos de su flota de cruceros. Lo comprobamos a bordo del Wonder en un derrotero hacia Nassau y Castaway Key, la isla privada de la compañía en las Bahamas.

Cuando el grupo Disney decidió incursionar en el segmento de cruceros sabía lo que hacía. Fue a fines de la década pasada, cuando la gran mayoría de los pasajeros eran adultos. Los niños y adolescentes no encontraban alicientes a bordo.
Con la puesta en operaciones del Disney Magic (julio de 1998) y más tarde del Disney Wonder (agosto del año siguiente), el paradigma cambió. Las familias con hijos menores encontraron su lugar, orientación que luego fue seguida por otras compañías que redireccionaron sus propuestas, tornándolas más variadas y desacartonadas.
Ver para creer. Tras un agitado evento en Orlando (el Pow Wow), abordé en el cercano Puerto Cañaveral el Wonder con muchas ganas de experimentar ese toque mágico que tienen todos los productos del sello Disney.
Confieso que lo hice con cierto prejuicio, pues temía toparme con el bullicio propio de muchos grupos familiares. Pero no fue así. El navío tiene zonas exclusivas para adultos, incluyendo piscina, áreas de relax y bares. En los restaurantes impera la tranquilidad, ya que más del 90% de los pasajeros son estadounidenses, un público poco propenso a las exteriorizaciones.
Por otra parte, no debe pensarse que tan alto market share indica que el inglés sea la única lengua que se habla a bordo. En el barco hay 950 tripulantes de unas 60 nacionalidades. De hecho, la camarera que atendía mis turnos de cena era argentina.

VALORES AÑADIDOS.
Los camarotes sorprenden por su amplitud y confort. Tienen un 25% más de espacio que la media convencional y el 75% de ellos son externos.
Las camas son firmes y mullidas, del tipo que hoy ofrecen los hoteles más sofisticados (Premium Plush Euro-top, en este caso), con edredones de duvet y sábanas de alta calidad, en tanto que el baño tiene dos compartimientos: uno con lavabo e inodoro y otro con la ducha y un lavabo adicional. Los amenities de tocador son de la reconocida firma H2O Plus.
El equipamiento se complementa con un televisor de pantalla plana y alta definición (con varios canales de películas, series de televisión y, como no podía ser de otra manera, dibujos animados de Disney), sofá-cama, caja de seguridad, teléfono con voice-mail y acceso inalámbrico a Internet.
Para cenar, los restaurantes no se repiten. Son amplios, con mesas bien separadas y una gastronomía muy elaborada, con ingredientes frescos. Una noche puede ser Tritons, otra Parrot Cay y la tercera Animator´s Palate, donde las imágenes de sus paredes van pasando del blanco y negro a vibrantes colores mientras se desarrollan los pasos de la comida. Como opción para un crucero de tres noches existe una cuarta alternativa: Palo, exclusivo para adultos, mucho más íntimo y con amplios ventanales al exterior.
Como en todos los cruceros el valor de las comidas está incluido; no así las bebidas. Pero los precios de estas últimas, vinos especialmente, son discretos, similares a los de cualquier restaurante de término medio en tierra. El Wine Package permite acceder a una botella de vino por velada -a elección entre varias etiquetas- a valores muy convenientes: el paquete Classic cuesta US$ 79 para el crucero de tres noches; el Premium se cotiza a razón de US$ 119 (en ambos más 15% de propina).
Otro ítem destacable tiene que ver con algo muy ligado al ADN de Disney: la atención al cliente. El personal, sin distinción de categorías, es sumamente eficiente, cordial y profesional. En todo momento y lugar. Un par de consultas que realicé a propósito en conserjería, apuntando a conocer el grado de capacitación de sus responsables, fueron satisfechas con rapidez y eficiencia. Muchas veces con una sonrisa no basta.

EN TIERRA FIRME.
El crucero de tres noches efectúa dos paradas, ambas en las Bahamas. Primero lo hace en Nassau, la capital de esta nación insular, donde es posible tomar varias excursiones (buceo, paseos en catamarán y encuentro con los delfines, entre otras), que -como es norma- se cobran por separado.
Como quería regresar pronto al barco para disfrutar de sus servicios, tomé un taxi hasta Paradise Island, para darle un vistazo al Atlantis Resort, hotel que se convirtió en la mayor atracción turística de la zona. Estilo Las Vegas, tiene 2.300 habitaciones, 17 restaurantes, 11 piscinas, un lujoso centro comercial y, lo más impresionante, uno de los acuarios más grandes del mundo, con cerca de 50 mil especies marinas.
La restante escala no tiene desperdicio: Castaway Cay, la isla privada de Disney en el archipiélago. Un auténtico paraíso tropical de 400 ha. bañado por cálidas aguas color turquesa, ideal para disfrutar del sol y la playa.
Aquí también se ofrecen excursiones (paseos en barcos con fondo transparente, jet esquí, parasailing, etc.). Opté por “Ray´s Stingray Adventure”, una atrayente propuesta de una hora que permite interactuar con mantarrayas, alimentándolas y nadando junto a ellas (US$ 35). También recorrí parte de la isla en bicicleta (US$ 6 la hora) y disfruté de riquísimas carnes asadas, ensaladas y postres en un quincho a la vera del mar.
De regreso a bordo, me dejé mimar en el Vista Spa and Salon con un masaje descontracturante, seguido de un relajante baño de vapor. El poco estrés que me quedaba pasó al olvido.
Por la noche, mientras el navío emprendía su regreso a Puerto Cañaveral, seguí gratificándome, Primero, con una cena gourmet en Palo (delicioso “risotto di mare” como plato principal); luego, adentrándome en la sección Route 66 del Wonder, área exclusiva para adultos. Allí, en el Cadillac Lounge, bar cuya decoración estilo “vintage” remite a la Coupe de Ville, sinónimo de gran lujo en los años´50, bebí sin apuro una copa de buen champán.
Mientras desde el piano se sucedían suaves melodías popularizadas por Billy Joel y Elton John, desde los redondeados ventanales se vislumbraban, muy a la distancia, las luces de Florida. El sueño estaba llegando a su fin. El mundo real estaba esperándome.

PROA A LA DIVERSION

Construido en los astilleros Fincantieri de Italia, el Disney Wonder (83 mil toneladas) realizó su viaje inaugural el 15 de agosto de 1999. Su gemelo, el Disney Magic, había marcado el debut de Disney Cruise Line el 30 de julio de 1998. Con 877 camarotes, puede albergar hasta 2.700 pasajeros. Su tripulación consta de 950 personas de unas 60 nacionalidades. Con base en Puerto Cañaveral (Florida), ofrece cruceros de tres y cuatro noches a Nassau y Castaway Cay. En ciertas épocas del año brinda salidas de cinco noches a los destinos anteriormente mencionados, sumándoles Key West. Para 2011 su programación también incluirá dos variantes en programas de siete noches: desde Los Ángeles hacia el Pacífico mexicano (Cabo San Lucas, Mazatlán y Puerto Vallarta), y a partir de Vancouver rumbo a Alaska (Juneau, Ketchikan, Skagway y Tracy Arm Fjord).

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